domingo, 21 de octubre de 2012

PROTAGONISTAS dentro
y fuera de las aulas


L ibertad de organización, mejor calidad de la enseñanza, condena a masacres de campesinos, repudio al asesinato de estudiantes y maestros fueron algunas de las razones por las que alumnas y alumnos normalistas salieron a las calles en la década de los setenta y los noventa. Distintas fuentes así lo confirman.
Una tarea pendiente es desamarrar los ochenta, lapso de gobiernos militares y la llegada
de un civil a la presidencia de la República.

Miedo y mística
Iduvina Hernández siendo representante de la Escuela Normal de Maestras de Educación para el Hogar Marion B. Bock, promovió  en su instituto los acuerdos del movimiento magisterial en 1973 y en una asamblea estudiantil se decidió apoyarlos. Una demanda central en esa época era el derecho de organización  porque estaba prohibida a nivel constitucional la agrupación sindical de trabajadores  del Estado. La ex integrante de la Asociación de Estudiantes Belemita, Ruth del Valle, relata que en 1974 empezaron a organizar la Federación Nacional de Estudiantes de Educación  Media y la federación en la capital. Relata que entre sus demandas figuraban: buenas condiciones de educación, mejores contenidos académicos, maestros respetuosos y el derecho de organización con independencia de los claustros de profesores.
Egresada del Instituto Normal para Señoritas Centroamérica (INCA), Patricia Castillo
anota: teníamos un sentido de continuidad histórica de nuestra lucha, una responsabilidad
política de nuestras ancestras, nos pro pusimos retomar el autogobierno… esa experiencia
me dio dignidad, autonomía y capacidad crítica, no éramos sólo activistas, éramos excelentes estudiantes, leíamos mucho. Entre 1977 y 1979 las movilizaciones giraron en torno a la NO represión, así como la solidaridad con los movimientos campesino y sindical.
Fueron los años del régimen militar de Lucas García, cuenta Yolanda Aguilar, ex alumna
también del INCA. En esos tres años conocimos la violencia y el miedo de cerca, y al mismo tiempo el sentido de la vida, la mística de la lucha de masas y la transformación social desde el protagonismo de todas las personas que estábamos luchando por cambiar la situación. De una generación siguiente, Sonia Escobedo, ex integrante de la Asociación de Estudiantes del Instituto Miguel arcía Granados, expone que en coordinación con alumnos del Rafael Aqueche exigieron que se eliminaran los controles militares que existían en los centros de estudio y la libertad de organización. Algunas de nosotras fuimos señaladas de tener mala reputación y nos castigaron varias veces bajo el sol por demandar la autonomía. Indica que formaron células de estudio en las que leían y debatían mucho, aprendí desde muy joven cómo el liderazgo desde una mujer puede ser señalado y juzgado.

Diferentes luchas sociales
Al revisar varios medios de comunicación, existen referencias de que alumnas y alumnos
de la Coordinadora de Estudiantes de Educación Media (CEEM) participaron en 1990 en los diálogos alrededor del proceso de paz, entre ellos, el Encuentro de los Sectores Sindicales y Populares. El movimiento estudiantil de secundaria en abril de 1992, encabezado por el Instituto Nacional Central de Varones y la Escuela Normal, exigía a quien era ministra de Educación, María Luisa Beltranena, cumpliera con sus compromisos de nombrar a más profesores y mejorar las instalaciones de los centros educativos. Según reportes de la agencia CERIGUA, estudiantes de ambos institutos fueron reprimidos, ello provocó que se movilizaran 32 centros educativos de secundaria de la capital. La CEEM en ese tiempo demandó la libertad de 186 alumnos detenidos durante los allanamientos al Central y la Normal.
En ese tiempo gobernaba Jorge Serrano  (1991-1993), quien creó una Fuerza Especial Antidisturbios (integrada por elementos  del ejército, policía y guardia de hacienda) y calificaba a los estudiantes de delincuentes.
La exigencia de liberar a los alumnos obtuvo el apoyo de maestros y padres de familia, ello
influyó seguramente para que los dejaran en libertad. En ese tiempo, estudiantes de educación media, entre ellos normalistas, formaron  parte del movimiento popular que manifestó su rechazo a las alzas en el servicio de energía eléctrica y el aumento de las tarifas del transporte. Como expresión organizada de la sociedad civil participó en las marchas que tuvieron lugar en calles capitalinas para demandar el retorno del orden constitucional, así como el castigo a los responsables civiles y militares del Golpe de Estado de 1993.
En 1997, estudiantes del nivel medio expresaron su rechazo a la reforma de la t itular de ese entonces, Arabella Castro, quien buscaba la privatización de la educación al pretender ceder la administración de establecimientos públicos a entidades privadas, por  se declarara inconstitucional. Antes del 2000 había desaparecido la CEEM. Fue a raíz de la aprobación del código Nacional de la Niñez y Juventud que reiniciaron los encuentros entre organizaciones estudiantiles. De esos intercambios se formó la Organización Nacional de Estudiantes de Guatemala (ONEG), en la que participaron el Belem, Aqueche, Normal para Varones y otros institutos.
Entre sus luchas se cuentan el bono estudiantil y la creación de centros de computación.
Ada Valenzuela, ex integrante del Consejo Estudiantil del INCA, recuerda que su primera lucha fue por la falta de 20 docentes.
Asegura que estudiar con mujeres le dio fortaleza, y que su participación en el movimiento estudiantil le permitió entender las relaciones de poder entre mujeres y hombres, meabrió las puertas a una lucha más amplia y desde la izquierda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario